El gobierno francés informó ayer que apoyará que el Congreso debata la posibilidad de legalizar la eutanasia, y un ministro sugirió que la práctica no es tan infrecuente como se piensa. Mientras tanto, se realizó en esta ciudad el funeral del joven Vincent Humbert, que murió el viernes pasado luego de pedirle a su madre que le ayudara a suicidarse.
Al planear su muerte, Humbert también pensó en su funeral: pidió que se escuchara su canción favorita, se le leyera y cremara en una ceremonia tranquila. No podía moverse, hablar ni ver. Sólo el dedo pulgar de su mano izquierda tenía movimiento.
Humbert, de 22 años, murió el viernes, dos días después que su madre supuestamente le inyectara barbitúricos durante una visita en el hospital. La policía ha cuestionado el proceder de la mujer, que enfrenta la posibilidad de ser investigada formalmente.
El presidente de la Asamblea Nacional Jean-Louis Debre aseguró el martes que el parlamento estudiará el tema, una decisión que el gobierno pareció respaldar. "Naturalmente, estamos muy abiertos a un debate", sostuvo ayer el portavoz gubernamental Jean-Francois Cope.
Al parecer reconociendo que la eutanasia se ha expandido, el ministro de Relaciones Sociales, Francois Fillon, manifestó que "se necesitan normativas éticas para encuadrar a las prácticas que ya son muy numerosas en la realidad pero que son realizadas en el anonimato y silencio".
Durante la ceremonia, el padre de Humbert, Francis Humbert compartió el último mensaje de su hijo, que decía: "Quiero que ellos acepten mi partida como algo simple, muy natural". En Europa occidental sólo Bélgica y Holanda permiten la eutanasia, aunque con fuertes limitaciones legales. Pero la muerte de Humbert impulsó un nuevo debate en Francia.
Un médico francés aseguró ayer que había desconectado el equipo que mantenía con vida a un joven paralizado tras un accidente y reconoció que la muerte asistida por un profesional de la salud "probablemente" ocurría a diario en Francia. La confesión de Frederic Chaussoy alimentará el candente debate sobre la eutanasia. Chaussoy, a quien la policía interrogó antes del entierro de Humbert ayer, dijo que podría encarar una investigación formal.
"Me responsabilizo con este acto. Fue una decisión triste, pero cuidadosamente pensada y tomada con serenidad y respeto por el paciente", dijo Chaussoy a radio Europa 1. "Sabemos mentir muy bien. Lo hacemos frecuentemente y podíamos haber continuado con la tradición de hipocresía. Pero, en este caso, era mejor decir la verdad", agregó.
Chaussoy desconectó el respirador artificial un día y medio después de que la madre de Humbert fracasara en quitarle la vida, sumiendo a su hijo en un estado de coma profundo y dependiendo de equipos de apoyo vital. Cuando se le preguntó si otros médicos en Francia se atreverían a desconectar los equipos de apoyo vital con los que se mantiene la vida de enfermos en fase terminal, Chaussoy contestó: "Probablemente sí".
Humbert ocupó hace un año la primera página de muchos diarios cuando escribió al presidente francés, Jacques Chirac, pidiéndole que permitiera a su madre que le quitara la vida, pues había quedado mudo, ciego y paralizado, además de padecer un dolor constante.