El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, ha cedido a la presión de EE.UU. y pronunciado las palabras mágicas, “Estado palestino”, pero su discurso contenía un tono y exigencias que difícilmente llevarán la paz a Oriente Medio.
El jefe de Gobierno y líder del partido derechista Likud fue aplaudido por aceptar por primera vez que los palestinos tengan un hogar nacional, pese a que el liderazgo sionista ya la aceptó en el plan de partición de la ONU de 1947 y hace décadas que cuenta con un abrumador consenso internacional.
Menahem Klein, profesor de Ciencias Políticas en Bar Ilán, dijo que Netanyahu “ignoró la historia, los valores y la humanidad de la otra parte”.
Fue un discurso chauvinista, arrogante e incluso orientalista que expresa la creencia de que nosotros somos perfectos e ilustrado.