El arzobispo primado de México, el cardenal Norberto Rivera, negó ayer que el país sufra una crisis de gobernabilidad y viva una "catástrofe" por las rencillas entre partidos y las aspiraciones presidenciales de algunos políticos.
"No estamos en el final de la historia de México", el país "sigue adelante", manfiestó el religioso a los periodistas al término de su homilía en la Catedral Metropolitana de la capital mexicana.
Rivera no quiso criticar unas declaraciones del presidente de México, Vicente Fox, quien comparó la reciente renuncia de su secretario particular, Alfonso Durazo, con el pasaje bíblico en el cual uno de los apóstoles abandona a Jesucristo.
"Todo el mundo puede hacer uso del Evangelio si lo hace con respeto, yo no creo que haya ninguna dificultad ni problema en eso", afirmó.
Durazo renunció en disconformidad con lo que consideró un intento de Fox de ayudar a su esposa, Marta Sahagún, a que sea candidata del gobernante Partido Acción Nacional (PAN) en las elecciones de 2006.
Pero Vicente Fox ha subrayado que eso no es cierto y que él y su esposa, que preside una fundación de asistencia, tienen pensado retirarse a su rancho cuando finalice el mandato, aunque la primera dama no ha definido aún públicamente sus planes políticos.
El prelado también descartó que exista una tensión insostenible por las diferencias entre los líderes de los partidos. Y añadió que este país "es mucho más que una decisión de una persona".