Así lo pudo comprobar una comisión intergubernamental integrada por la titular del MIDES, María Roquebert León; el ministro de Trabajo encargado, Edwin Salamín; el ministro de Salud, Camilo Alleyne; la directora nacional de Niñez, Zulima Fernández y la directora de la Secretaría Nacional de Coordinación y Seguimiento del Plan Alimentario Nacional (SENAPAN), Teresita de Arias.
Durante recorrido por cinco fincas del área de Renacimiento en Río Sereno, provincia de Chiriquí, se detectaron 25 niños que habían nacido en casas de sus madres y no están inscritos.
Se debe a varias circunstancias, explicó al Panamá América la licencida Zulima Fernández. Una de ellas es la densidad de la población, la lejanía de las casas, que impide a los registradores auxiliares en el área, realizar su labor, como al estilo de vida un poco nómada de las familias que se trasladan de una finca a otra.
El 21 de enero realizarán inscripciones en las fincas cafetaleras, a fin de cumplir con el derecho que tienen todos los niños de tener un nombre y una nacionalidad.
Precisó que durante la visita no encontraron casos de niños trabajando en los cafetales, porque gran parte de las familias que trabajan en la cosecha ya habían regresado a sus hogares, pero denunció la mala situación en que viven en las fincas, donde los niños casi no tienen qué comer.
"Era casi mediodía, hora de almuerzo, y muchos niños ni siquiera habían desayunado", dijo Fernández.
La minoría de las familias tiene de dos a tres hijos, pero la gran mayoría, muchos más, y los pequeños mostraban signos de desnutrición como la dentadura dañada.
"Las condiciones en que viven no son dignas de un ser humano", y los espacios donde viven son muy pequeños.
Fernández pidió a los empresarios dueños de los cafetales que atiendan a estas familias, porque son su mano de obra, y le brinden las condiciones necesarias de trabajo.
Esta situación no debe permitirse porque son lugares que están a un máximo de cuatro horas de centros poblados, que tienen toda la tecnología, mientras ellos tan cerca, están lejos de alcanzar las comodidades y salubridad que brinda la vida moderna.
El no inscribir a los menores, además de violar su derecho a nombre y nacionalidad, tiene un efecto dominó, según Fernández, porque el pequeño no disfrutará de algunos derechos como salud, educación y no ejercerá el sufragio cuando sea adulto.
Además de los problemas de salud y alimentación, en los albergues habitan más de 8 personas, entre niños, adolescentes y adultos, situación calificada como marginal y precaria, por la titular del ramo, María Roquebert. Se examinaron las condiciones sociales y ambientales infrahumanas, además de una alta población de niños, niñas y adolescentes sin el debido registro civil, sin atención en salud y escolaridad.