Un militar neopopulista, un rico empresario minero y un sociólogo que nunca ganó una elección pero que llegó a ser presidente se perfilan como los tres candidatos con mejores opciones para conducir un nuevo gobierno en Bolivia.
Los bolivianos acudirán mañana a las urnas para elegir presidente, pero todos los pronósticos anticipan que ninguno de los 11 aspirantes al cargo alcanzará una indispensable mayoría absoluta de votos para ganar directamente el cargo.
El futuro jefe de Estado, quien deberá asumir el 6 de agosto, surgirá, en consecuencia, de una votación del Congreso bicameral, cuyos 157 miembros serán simultáneamente elegidos mañana.
Los legisladores elegirán al presidente entre los dos candidatos con mayor votación popular y conformarán así un quinto gobierno coaligado en 20 años de ininterrumpida democracia en la nación andina de 8.1 millones de habitantes.
La crónica e histórica inestabilidad política de Bolivia registró una última dictadura en 1980, cuando un cruento golpe militar entronizó en el poder al general Luis García Meza, entonces comandante del ejército.
El dictador, quien purga una condena de 30 años de prisión por genocidio y sedición, entre otros delitos, fue derrocado dos años después por un movimiento militar que abrió paso a un proceso de apertura y consolidación democrática.
Extrañamente, el capitán Manfred Reyes Villa, hijo del general Armando Reyes Villa, ex jefe de las Fuerzas Armadas que secundó el golpe de García Meza, encabeza las intenciones de voto según la mayoría de encuestas independientes (27%).
Pero el militar, quien como subteniente fue asistente del coronel Luis Arce Gómez, siniestro ministro de Gobierno (Interior) del mismo dictador y condenado a prisión en Estados Unidos por narcotráfico, pidió en 1989 licencia de la institución castrense.
Emprendió entonces una carrera política que, 12 años después, lo condujo a obtener la candidatura presidencial de la centroderechista Nueva Fuerza Republicana (NFR).
Reyes Villa, de 46 años, empresario inmobiliario y con un curso en administración de empresas, ganó cuatro elecciones para convertirse otras tantas veces en alcalde de Cochabamba, la tercera ciudad más importante de Bolivia.
Analistas políticos le atribuyen haber capitalizado a su favor la crisis en que se debaten las dos más importantes fuerzas populistas del país, fundadas durante la década de 1980.
El fornido Reyes Villa, de gruesos bigotes y estampa de antiguo galán del cine mexicano, se presentó al electorado como "un nuevo político", pese a que militó o tuvo vínculos y celebró alianzas con nueve partidos para ganar y ejercer el gobierno municipal de Cochabamba, en la región central del país.
De fogoso discurso pero poco proclive a debatir sus ideas con adversarios políticos, el militar vio reducirse notablemente un apoyo pre electoral de hasta 40 por ciento que ostentó en determinado momento de la campaña.
Su principal oponente, el ex presidente Gonzalo Sánchez de Lozada, del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), con un 20% basó su campaña, en cambio, en la necesidad de "salir de la crisis, derrotar la corrupción y combatir la exclusión social".
El acaudalado empresario minero, de 71 años, quien en 1993 obtuvo 36% de los votos populares y fue ratificado por el parlamento como vencedor de la elección, suele autodescribirse como "el único político que llegó rico a la presidencia y no necesitó robar".
Radicado desde su niñez en Estados Unidos, como hijo de un diplomático, y formado Filosofo en la Universidad de Chicago, Sánchez de Lozada fue ministro de Planeamiento y se ufana de haber derrotado en 1985 una hiperinflación anual de 25,000 por ciento con un célebre tratamiento de choque que dio paso a la aplicación del modelo neoliberal en la economía del país.
Como presidente, entre 1993 y 1997 llevó a cabo un novedoso pero también criticado proceso de capitalización de las principales empresas estatales en los sectores petrolero, de telecomunicaciones, aeronáutico y ferroviario. Sus detractores lo acusan de "vendepatria".
Los sondeos pre electorales ubican en tercer lugar al también ex presidente Jaime Paz Zamora, un socialdemócrata de 63 años que encarna el extraño caso de un político que nunca pasó de un tercer lugar en las elecciones presidenciales en que participó, pero que gobernó el país entre 1989 y 1993. Marca un 16% en las encuestas.
Fue, precisamente, gracias al vigente sistema de alianzas políticas, incorporado en 1984 a la legislación electoral, el que le permitió llegar a la presidencia con el apoyo de un ex dictador a quien combatió desde la clandestinidad durante la década de 1970.
El general Hugo Banzer, conductor de una dictadura entre 1971 y 1978, le facilitó el ascenso al poder presidencial con el voto de sus legisladores de la derechista Alianza Democrática Nacionalista (ADN) en un insólito gesto político que le rindió réditos ocho años después.
Paz Zamora, un sociólogo que en 1971 fundó el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR) para combatir a la dictadura de Banzer, dijo al asumir el cargo que las dos fuerzas habían tendido un puente democrático sobre "los ríos de sangre" que las separaba.
En reciprocidad, el ahora nuevamente candidato del MIR facilitó en 1997, junto a otros partidos políticos, la alianza que convirtó a Banzer en presidente constitucional para una gestión de cinco años.
El líder indígena de los productores de coca, Evo Morales, capitalizaba fundamentalmente en áreas rurales el descontento social que existe en Bolivia y podría registrar una votación histórica en las elecciones de mañana.
De origen aymara-quechua, las dos etnias predominantes en esta nación de mayoría indo-mestiza, Morales aparece en un inédito cuarto lugar de las encuestas con 11% (grupo Usted Elige) y 11.4% (Recta Final).
Apuntalado en su lucha sindical por unas 30,000 familias de la región central del Chapare que subsisten con la economía de la coca, Morales, de 42 años de edad, encabezó en este lustro al menos cuatro contundentes cortes de ruta que doblaron el brazo al gobierno en su política antidrogas.
Sin embargo, Morales cree que "mi mejor relacionista (público de su candidatura) es el embajador (de Estados Unidos, Manuel) Rocha", quien -sin nombrarlo- advirtió a los bolivianos que deberían volcar las espaldas al líder cocalero en la consulta popular.
Mañana, los habitantes de los nueve departamentos de Bolivia escogerán entre estos aspirantes a la Presidencia, quien los conducirá por mejores caminos.
No habrá mayoría de votos
El líder de los productores de coca, Evo Morales, presentó ayer una queja oficial ante una misión observadora de la Organización de Estados Americanos (OEA) contra el embajador de Estados Unidos en Bolivia, Manuel Rocha. El diplomático condicionó la ayuda de EU a la no escogencia del indígena.