E n dos años más, unos 300 millones de personas en el planeta tendrán diabetes tipo 2, según las proyecciones que manejan organismos internacionales. Si bien algunos casos son de origen genético, los expertos coinciden en que en la mayoría de ellos los principales culpables son las mismas personas, ya que la enfermedad está asociada a malos hábitos alimentarios y al sedentarismo.
De hecho, un estudio publicado por la revista "The Lancet" plantea que modificar estos factores con dieta y actividad física puede prevenir o retrasar hasta en 14 años la aparición de la diabetes.
Sin embargo, cuando la enfermedad ya está presente, la recomendación de perder los kilos en exceso y hacer más ejercicio no es del todo sencilla de aplicar.
Según un artículo publicado por "The New York Times", los expertos aún no han encontrado un enfoque infalible que ayude a los pacientes a perder peso, y las recomendaciones nutricionales para prevenir o disminuir los efectos de la diabetes han sido con frecuencia confusas.
Un ejemplo. Más de 30 años después de que la Asociación Estadounidense para la Diabetes (ADA, su sigla en inglés) recomendó una dieta baja en grasas y alta en carbohidratos para controlar la enfermedad, todo lo contrario a lo que hasta entonces se postulaba (una dieta alta en grasas y baja en carbohidratos), aún existe controversia sobre la cantidad y el tipo de carbohidratos que se deben consumir.
En la actualidad, gran parte del debate tiene como protagonista al índice glicémico.
Ajustar la dieta.
No obstante, la ADA decidió que los pacientes no deberían determinar el consumo de sus alimentos según el índice glicémico.
"Aunque está claro que los carbohidratos tienen respuestas glicémicas diferentes, la información que tenemos no revela una tendencia clara en los beneficios", dice en un comunicado.
La discusión en Estados Unidos. no se hizo esperar. El doctor David Ludwig, endocrinólogo y profesor de la Escuela de Medicina de Harvard, señaló al "The New York Times" que es un error. "Los alimentos con un índice glicémico alto, como los granos refinados, aumentan el nivel de azúcar en la sangre dos o tres veces más que los alimentos no procesados con un índice glicémico bajo", precisó.
"Si se está consumiendo alimentos con un índice glicémico alto comida tras comida, el sistema se verá afectado y producirá insulina", agregó el médico.
El riesgo está en que esos cambios de azúcar en la sangre pueden desencadenar una diabetes si la persona tiene una predisposición genética.