Corea del Norte necesita garantías de su seguridad por escrito si abandona su programa nuclear, declaró ayer el enviado especial del Kremlin al país asiático, Alexandre Losiukov, tras entrevistarse durante seis horas con el dirigente norcoreano Kim Jong Il, según la agencia rusa Itar-Tass.
Pyongyang necesita garantías para "poder desarrollar sus relaciones con el mundo que le rodea y no tener el miedo que tiene ahora", declaró Losiukov. Esas garantías, "son muy importantes para que se establezca una situación normal en la península".
Después de la tragedia, en Paya se viven momentos desgarradores. Justino González, de TVN, confesó que "tenía miedo... no se sabía con qué nos encontraríamos y no habían policías". Milton Monteza, el camarógrafo compartió ese sentimiento. En la noche esas imágenes aún no encontraban descanso en su mente.
Los indígenas que sobrevivieron al ataque y al saqueo, se abalanzaron a la cámara para implorar comida y "seguridad porque somos panameños".
Sobre una rústica asta, ondeaban desesperadamente la Bandera Panameña para que el helicóptero aterrizara. No eran náufragos pero el campo a su derredor estaba minado. Tenían temor y estaban aislados.
Isidro Ayala, de unos 40 años, familiar de uno de los presuntos muertos, perdió el control. Aterrado narró que se llevaron "la ropa, el dinero de las mujeres, un rifle y la comida. Queremos ayuda, guardias, seguridad, yo soy de aquí, no soy extranjero".
El hijo de Vásquez observaba en el fondo. Las lágrimas ya corrían por su rostro, intentaba lograr las fuerzas pero lo vencía la tristeza. "Mi papá murió apuñalado"... y rompió en llanto.
Los cuerpos, según dijeron, están a unos 15 minutos por el camino entre Paya y Púcuro, unos apuñalados y otros con las huellas de una ametralladora. El sitio fue minado por los insurgentes y resulta impenetrable.
En su mayoría los moradores abandonaron los caseríos. Se dirigieron a Boca de Cupe donde son atendidos por misioneros del Vicariato. Los desplazados ya no son colombianos, sino panameños que huyen de su propio territorio por la amenaza de fuerzas foráneas. Se trata de unos 472 kunas y emberás, 324 menores de 18 años, entre ellos dos niños de dos meses, uno de un mes y cuatro días y uno de ocho días. Además unas 95 mujeres y 57 hombres, entre ellos uno de 60, uno de 80 y dos de 70. Unas 18 embarazadas y cuatro recién dadas a luz.
Mientras los medios de comunicación fueron los primeros en llegar al área de los hechos, en la capital el Consejo de Seguridad convocó a una conferencia de prensa para decir que no tenían información detallada de los sucesos. En esa conferencia la Policía Nacional confirmó la muerte del indígena Gilberto Vásquez. Explicó que la desprotección de las áreas fronterizas obedece a "circunstancias" especiales que han obligado al retiro de la Policía.
El director de la Policía, Carlos Barés, explicó que los estadounidenses desaparecidos no son periodistas ni tampoco investigadores de Discovery, sino personas que querían aventurarse a cruzar la zona, a pesar de que fueron advertidas del peligro que corrían.
Señaló que tuvieron contacto con la embajada de Estados Unidos sobre la desaparición de los estadounidenses y con el gobierno de Colombia, sobre la necesidad de reforzar la seguridad.
Precisó que los informes extraoficiales indican que la comunidad de Paya fue atacada por un grupo de 50 insurgentes, quienes incendiaron varias viviendas y saquearon los comercios. "Mientras Colombia no refuerce la seguridad es poco lo que puede hacer Panamá porque se trata de un área de difícil acceso y muy distante", planteó.
En tanto, en el Hospital Santo Tomás permanece bajo estrictas medidas de seguridad el indígena Casildo Ayala, de 19 años, quien resultó herido en el abdomen y el cuello, presuntamente por una bayoneta durante la incursión.