La angustia domina el Estado de Ohio, en el centro de Estados Unidos, donde los padres prefieren que sus hijos no salgan de casa desde que comenzaron varios ataques de francotiradores que disparan al azar a los automovilistas y que causaron una víctima fatal.
Las autoridades investigan 12 tiroteos en el área de Columbus (Ohio) -incluso uno contra una escuela vacía y otro contra una mujer de edad avanzada- como posible obra de un francotirador que ha imbuido de miedo a la población.
La Policía cree que los incidentes, ocurridos en un tramo de ocho kilómetros en la autopista interestatal I-270, podrían estar vinculados.
El escurridizo asesino se cobró el 25 de noviembre la vida de Gail Knisley, de 62 años, en una ola de violencia que comenzó en mayo en la autopista que circunvala la ciudad de Columbus.
Knisley, un residente de un suburbio, tenía miedo de conducir sola en la ciudad y logró que su amiga la acompañase ese día a una visita médica y a realizar sus compras navideñas.
La sexagenaria iba de pasajera cuando murió de un solo balazo que perforó el costado del automóvil. No se han registrado más heridos ni víctimas mortales.
El subjefe de policía del condado Franklin, Steve Martin, confirmó que cuatro de los disparos -tres contra vehículos en marcha y uno el 11 de noviembre contra la escuela primaria Hamilton Central-, procedieron de la misma arma.
Aunque las pruebas balísticas no han vinculado de forma contundente el resto de los ataques intermitentes en la autopista interestatal 270, "los investigadores están casi seguros de que esos tiroteos están vinculados", agregó.
La Policía ha tenido mucho cuidado en no utilizar la palabra "francotirador" para caracterizar estos actos, consciente de que traen a la memoria el terror que vivió durante tres semanas de octubre de 2002 el área de Washington.
Los tiroteos en Washington, Maryland y Virginia -por los que un jurado ha recomendado la pena de muerte contra John Allen Mohamed y también se procesa por separado a Lee Boyd Malvo- dejaron 10 muertos y tres heridos.