Intensos remezones que siguen conmoviendo varias aldeas en el norte de Afganistán provocaron ayer deslizamientos que impidieron la llegada de los convoyes de ayuda a los miles de damnificados por el violento terremoto de hace dos días.
Los remezones, incluyendo uno de intensidad 5.4, estremecieron las aldeas al pie de la cadena montañosa Hindu Kush, donde el sismo de 5.9 devastó el lunes esta empobrecida ciudad.
El primer ministro, Hamid Karzai, dijo que unas 1,000 personas murieron, pero funcionarios de asistencia de las Naciones Unidas calcularon que la cifra definitiva rondará los 800.
Los socorristas dijeron que no han podido llegar a algunas aldeas aisladas debido a las minas que quedaron desde la lucha del régimen del Talibán y la Alianza del Norte, de oposición.
Ayer, los residentes escarbaban las ruinas de sus chozas de adobe para extraer los cadáveres y enterrarlos inmediatamente. Unos 700 voluntarios cavaban con palas los montones de escombros, ladrillos y polvo. Los sobrevivientes retiraban sus magras pertenencias de sus chozas reducidas a casi nada. "Todo está en ruinas"", dijo Joerg Kenker, ejecutivo del grupo de asistencia Mercy Corps. Decenas de miles de desamparados acamparon y durmieron al aire libre.
Para agravar la situación, las lluvias intermitentes suscitaron temores de que se intensifiquen los deslizamientos de tierra. La lluvia inundó caminos y cortó el acceso norte al pueblo. Ayer, la Cruz Roja envió 400 botiquines a la zona afectada. El grupo Médicos Sin Fronteras despachó el martes dos equipos médicos. Karzai declaró el día de hoy de luto a nivel nacional.