La Casa Blanca aseguró esta semana que está ultimando un plan para cerrar finalmente la prisión de la base naval de Guantánamo (Cuba), una promesa pospuesta durante años y que sigue en riesgo de no cumplirse antes de que el presidente Barack Obama abandone la presidencia.
Tras 14 años de existencia, la prisión, un limbo legal creado por la administración de George W. Bush para encarcelar, interrogar y procesar como combatientes enemigos a presuntos extremistas islámicos, sigue siendo la cárcel para 116 detenidos.

"Estamos en las últimas fases de finalización del borrador de un plan para cerrar de manera segura y responsable la prisión de Guantánamo y presentarlo al Congreso", explicó el portavoz de la Casa Blanca, Josh Earnest.
Earnest reiteró que cerrar Guantánamo es una prioridad para Obama, quien considera que el penal en territorio cubano es un dispendio innecesario, empeora la imagen del país y es un recurso para la propaganda terrorista, que ha utilizado la iconografía de Guantánamo (como los uniformes naranjas) en ejecuciones y videos.
Con la llegada del nuevo secretario de Defensa, Ash Carter, la Administración estadounidense ha puesto las bases para acelerar las transferencias de presos, pero el Congreso, controlado por los republicanos, ha prometido dificultar esa posibilidad.
"El pueblo estadounidense y ambos partidos en el Congreso se oponen a cerrar la prisión de Guantánamo y traer peligrosos terroristas a territorio estadounidense", explicó Cory Fritz, portavoz del presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner.
El Congreso podría bloquear los pasos del presidente para acelerar las transferencias, mientras que el plan de la Casa Blanca podría incluir la amenaza del veto presidencial para invalidar la oposición del Legislativo.
Obama ha transferido a la mitad de los 242 prisioneros que permanecían en Guantánamo cuando llegó al poder en enero de 2009 y ahora tiene la intención de acelerar las trasferencias antes de que en enero de 2017 se siente un nuevo presidente en el Despacho Oval.
En menos de año y medio, el Gobierno estadounidense deberá apresurarse para reducir la población carcelaria de Guantánamo, empezando por los 52 internos que ya han recibido el visto bueno para ser liberados, pero cuya salida se retrasa por la necesidad de acuerdos con terceros países con garantías de que esas personas no se integran en grupos terroristas.
El hueso más duro llegará cuanto más se reduzca el número de presos, especialmente cuando haya que decidir qué hacer con los 54 que han sido declarados peligrosos, pero cuyos casos están tan manchados por torturas y violaciones procesales que su imputación en un tribunal federal ordinario sería improbable: los llamados "eternos prisioneros".
Pero el proceso no es sencillo. El Departamento de Defensa debe obtener garantías de seguridad y avisar con 30 días de antelación al Congreso, que tiene la prerrogativa de bloquear la transferencia.
Y el punto más complicado será cuando las autoridades estadounidenses pasen a decidir qué hacer con la decena de detenidos más peligrosos, los considerados de "alto valor" y que han sido condenados o están siendo procesados por las comisiones militares de Guantánamo.
Entre ellos se encuentran el presunto cerebro de los atentados del 11 de septiembre de 2001, Jalid Sheij Mohamed, y cuatros de sus cómplices, así como el autor intelectual del ataque mortal contra el destructor estadounidense USS Cole en 2000, Abdl al Rahim al Nashiri.
Todos están a la espera de que comience su juicio en las comisiones militares de Guantánamo, que podrían condenarles a muerte.
No obstante, si el penal se cierra, esos procesos judiciales deberían reiniciarse en Estados Unidos, algo que ya intentó Obama nada más llegar al poder y levantó fuertes críticas.
La opción que podría estar manejando la Casa Blanca es encarcelar a aquellos pendientes de juicio en prisiones de máxima seguridad y establecer las normas para procesarlos en territorio estadounidense, asegurándose, básicamente, de que antes de ser ejecutados o condenados a cadena perpetua, los acusados tienen un juicio justo.
"Cada vez está más claro que la prisión de Guantánamo no se va a cerrar durante el mandato de Obama y puede que tampoco después", aseguraba en un artículo de opinión Noah Feldman, profesor de derecho constitucional de la universidad de Harvard.
"Si Obama no consigue cerrar Guantánamo, no será solo su derrota, sino la derrota de la ley", aseveró.
Realidades
2017 habrá un nuevo inquilino en la Casa Blanca y por ello, a Obama se le hace necesario cerrar el capítulo de Guantánamo.
52 internos de esa prisión ya tienen el visto bueno para ser liberados.
242 presos tenía Guantánamo cuando Barack Obama llegó al poder el 21 de enero de 2009.
Cuba insiste en EE.UU.: Devolver Guantánamo y el fin del embargo
Una semana después de que Cuba y Estados Unidos restablecieran relaciones diplomáticas, uno de los máximos dirigentes comunistas de la Isla insistió el domingo en que Washington debe levantar las sanciones y devolverle la base naval de Guantánamo si quiere normalizar los nexos con La Habana.
“El pasado 20 de julio con el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos culminó la primera fase del proceso iniciado el 17 de diciembre”, dijo José Ramón Machado Ventura, segundo secretario del Partido Comunista y vicepresidente del Gobierno, quien tuvo a cargo el cierre de un acto de conmemoración del Asalto al Cuartel Moncada, suceso que dio inicio al proceso político de las últimas décadas en la Isla.
“Comienza un largo camino hacia la normalización de las relaciones bilaterales que incluye entre otros aspectos el cese del bloqueo y la devolución, de la base naval de Guantánamo”, agregó Machado Ventura sentado frente al presidente Raúl Castro en la única alusión al histórico restablecimiento de embajadas.