Científicos rusos obtuvieron de cabras genéticamente modificadas los primeros litros de leche materna humana.
Especialistas en genética consiguieron durante ese experimento enriquecer la leche de cabra con la proteína humana lactoferrina y obtener así ese alimento fundamental para el crecimiento del niño durante el período de lactancia.
El producto conserva el sabor habitual de la leche de cabra y contiene la misma cantidad de lactoferrina que la leche materna natural, un 5% por litro.
El experimento estuvo a cargo de especialistas del Instituto de Biología del Gen de la Academia de Ciencias rusa y el Instituto de Ganadería de Bielorrusia.
Los primeros dos cabritos genéticamente modificados, Lak-1 y Lak-2, nacieron a finales de 2007 y, una vez adultos, su semen se utilizó para la inseminación de un centenar de hembras.