Un australiano de 21 años no dudó en lanzarse este sábado a las gélidas aguas de un lago en Sidney para recuperar su prueba de compra del último libro de Harry Potter, que había salido volando, y terminó en el hospital con hipotermia.
Miles de impacientes seguidores de la saga del aprendiz de mago desafiaron el invierno austral para hacer cola ante las librerías de Sidney, la ciudad más grande de Australia. En una de ellas, un cliente perdió su ticket de caja, imprescindible para llevarse el libro.