La XL Asamblea General de la Organización de Estados Americanos (OEA) en Lima se prevé tranquila, con una agenda cuyo eje es una declaración que pretende limitar el armamentismo en la región y que no parece correr peligro de ser eclipsada por otro tema.
La reunión anual de cancilleres de los 33 países miembros activos de la Organización de Estados Americanos (OEA) se inauguró en un ambiente más calmado que en los dos años anteriores, cuando primero la crisis colombo-ecuatoriana y después el levantamiento de la suspensión a Cuba centraron toda la atención y dejaron en un segundo plano los temas centrales de las respectivas Asambleas.
En esta ocasión la situación es diferente, aunque el futuro de Honduras en el seno de la OEA, de la que fue suspendida el 4 de julio del año pasado tras el golpe de Estado que derrocó a Manuel Zelaya, podría desviar momentáneamente la atención del tema principal, que este año es “Paz, seguridad y cooperación en las Américas”.
En el centro del debate está el armamentismo en la región, aunque Insulza insiste en que también se abordarán problemas como el crimen organizado, el narcotráfico, el tráfico de armas y la seguridad pública, entre otros, pues estos temas, opinó en una entrevista a EFE, preocupan más a la gente común que la compra de armas.
En cualquier caso, las discusiones tienen como núcleo la declaración final de cancilleres, que será aprobada el último día.
El proyecto, consensuado previamente, es un intento de limitar el gasto militar en la región, fomentar la transparencia en la adquisición de armamentos, impulsar medidas de confianza para crear un ambiente más seguro y arrancar a la región el compromiso de destinar más recursos al desarrollo.
Detrás de este texto está la preocupación de algunos países por lo que consideran un excesivo armamentismo en Latinoamérica, un argumento que es refutado por otros y justificado por terceros con la modernización de su material de defensa.
Según el Instituto Internacional de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), las transferencias de armas hacia Suramérica se incrementaron en un 150% en los últimos cinco años.
Perú, como país anfitrión, es el impulsor de la declaración, que se inspira en la campaña que inició el presidente peruano, Alan García, el año pasado para poner “freno al armamentismo”.
Fuentes diplomáticas afirmaron que el texto final “está a mitad de camino de lo que quería Perú" y refleja que "ningún país comprador o vendedor está dispuesto a que se le impongan límites”.
De hecho, en el proyecto se ha eliminado la palabra “reducción” y en su lugar se ha optado por una más genérica: “limitar”.