La Organización de Estados Americanos (OEA) se sitúa ahora como foro de la crisis política y social de Venezuela, después de años de largo silencio sobre un asunto incómodo para muchos de los países miembros por sus intereses bilaterales con Caracas.
La 46 Asamblea de la OEA, celebrada esta semana en la capital dominicana, reivindicó a la organización como lo que es: el único organismo regional que reúne a todos los países americanos (salvo Cuba) y, por tanto, el espacio natural para abordar los temas más acuciantes del continente.
La OEA ha pasado en un año de esquivar el tema venezolano a que este sea el centro de sus consejos, su asamblea anual, sus declaraciones y los mensajes públicos de su liderazgo, es decir, la Secretaría General.
Este cambio se explica por dos factores que han coincidido en el tiempo: la llegada de Luis Almagro al frente de la OEA y la influencia mermada de Venezuela en la región.
El excanciller Almagro, un político de izquierdas, ha roto los esquemas de una OEA hasta ahora instalada en el perfil bajo y la cautela diplomática.
Claves
Papel: Almagro, a quien hace un año muchos creían el candidato de la Alianza Bolivariana (Alba) para la OEA, ha resultado ser una de las voces internacionales más críticas contra el gobierno de Nicolás Maduro.
Tema: La semana que viene, la OEA será una doble prueba de fuego para Venezuela.