El impopular presidente peruano, Alejandro Toledo, encarará en los próximos días quizá su mayor reto en 33 meses de gobierno, debido a una ola de protestas por mejoras económicas en medio de una violencia social que provocó la muerte a golpes de un alcalde, dijeron analistas.
Miles de cocaleros, que marchan desde la selva del país, esperan llegar hoy al centro de Lima para protestar contra la erradicación de sus cultivos de hoja de coca, materia prima para elaborar cocaína, el único sustento de muchos campesinos olvidados que viven en zonas remotas de Perú.
A ello se suma el paro - hoy y mañana - de trabajadores mineros, que tienen en sus manos la principal actividad económica del país; una huelga desde hace tres semanas de los médicos de hospitales estatales y la amenaza de otra protesta de maestros públicos que exigen aumento de sueldos.
"Parece que estamos sentados en un barril de pólvora frente a un gobierno incompetente", dijo el analista político Ernesto Velit.
Toledo, cuyo mandato culmina en julio del 2006, cuenta con una aprobación a su gestión de 8% según una reciente encuesta, porque los peruanos sienten que no ha cumplido con su promesa de generar nuevos puestos de trabajo, reducir la pobreza y por denuncias de corrupción en su entorno.
Una comisión del Gobierno de Perú acordó ayer con los pobladores aymaras de la sureña localidad de Ilave, donde el pasado lunes una turba linchó al alcalde Cirilo Robles, convocar elecciones municipales dentro de seis semanas.
El jefe de la comisión y presidente del ente estatal de descentralización, Luis Thais, declaró que "hoy tenemos que hacer historia en Ilave", capital del Collao, y que se había decidido "convocar elecciones en un período de cuatro a seis semanas".
La comisión gubernamental propuso a los aymaras nuevas elecciones, formar un gobierno transitorio y la creación de un concejo de coordinación local.
Las autoridades avanzan en la investigación de la rebelión que se dio como resultado de una lucha de poder, supuesta corrupción, desplantes a las comunas rurales y hasta asuntos raciales, según testimonios recabados en el lugar. Ayer, se realizó el sepelio de Robles, mientras que se acusó a sus seguidores de asesinar a un aimara.