Representantes de la ONU y de Estados Unidos trataban ayer de mediar entre los líderes de Afganistán para conciliar las diferencias que amenazan con romper la Loya Yirga o Gran Asamblea encargada de aprobar una nueva Constitución para el país.
El enviado especial de la ONU para Afganistán, Lakhdar Brahimi, se reunió ayer por separado con los delegados de la Loya Yirga que apoyan el sistema presidencialista recogido en el borrador de Constitución, propuesto por el Gobierno transitorio, y con los favorables a un régimen parlamentario más equilibrado.
El embajador estadounidense en Afganistán, Zalmay Jalilzad, también mantuvo algún encuentro con representantes de la Gran Asamblea, de los que muchos han amenazado con boicotear la reunión si el presidente transitorio, Hamid Karzai, insiste en un fuerte sistema presidencialista.
La Loya Yirga constituyente de Afganistán, que inició sus sesiones el 14 de diciembre, se reunió el último día del pasado año y el primero de este, con graves desacuerdos entre sus 502 miembros, para tratar de plasmar un texto definitivo en la nueva Carta Magna.
Karzai declaró hace dos días a los periodistas que había enviado un mensaje al presidente de la Asamblea, Sibghatullah Muyadedi, en el que le indicaba que no aceptaría "ningún compromiso sobre el sistema de gobierno" que ha propuesto, o sea, un presidencialismo estricto.
Previamente, el 30 de diciembre, unos 100 delegados amenazaron con boicotear la Loya Yirga por las diferencias sobre el régimen de gobierno y ayer, 1 de enero, unos 200, que representan un 40%, evitaron que se votase el texto propuesto por la mesa presidencial, que se atiene a los deseos de Karzai y su Gobierno.
Varios delegados, entre ellos muchos de los más poderosos "señores de la guerra", se negaron a votar el texto, que tampoco recoge los deseos de las etnias minoritarias del país, la uzbeka, la tayika y la hazara, que habitan el norte de Afganistán.
Los "señores de la guerra" y sus partidarios quieren un Parlamento fuerte para equilibrar los poderes del Ejecutivo, el reconocimiento de los idiomas minoritarios del país, más poder para los consejos regionales y una islamización mayor del sistema que la planteada en el borrador.
Mientras, Amnistía Internacional (AI) denunció que la intimidación de influyentes facciones políticas en Afganistán impide que algunos delegados participen en la Loya Yirga, encargada de aprobar la nueva Constitución para el país.