Encuestas a boca de urna publicadas anoche por la prensa hondureña, daban la victoria en las elecciones presidenciales al candidato del opositor Partido Nacional, Porfirio Lobo, con una amplia ventaja sobre su principal rival, Elvin Santos, del oficialista Partido Liberal.
Radio América, con base en datos del Tribunal Supremo Electoral (TSE), informó que Lobo ganó con un 55.86% de los votos, frente al 38.24% de Santos, mientras, la emisora HRN da a Lobo el 55.46% y a Santos el 39.19%.
Esta era la segunda vez que Lobo aspiraba a la Presidencia de la República. La primera vez fue en el 2005, perdiendo contra Manuel Zelaya, hace cuatro años.
Lobo está dispuesto a poner en marcha un Gobierno de reconciliación nacional.
Alta participación.Las elecciones se desarrollaron en completa normalidad, al grado que observadores internacionales indicaron que era un ejemplo de civismo democrático.
La jornada electoral tuvo un arranque lento en horas de la mañana, aunque hacia el mediodía Tegucigalpa parecía más animada, de acuerdo con la evaluación que pudo hacer BBC Mundo después de un recorrido por varias partes de la capital.
Fue notable un gran despliegue policial y militar en toda la ciudad.
Con los comicios, el Gobierno de facto espera zanjar la crisis política desatada por el derrocamiento de Zelaya el 28 de junio. Pero el líder depuesto llamó a la población a abstenerse de votar por considerar el proceso electoral ilegítimo.
Diferencias.El presidente depuesto de Honduras, Manuel Zelaya, afirmó que es “amigo personal” del virtual vencedor de las elecciones, Porfirio Lobo, pero dijo que le separan “diferencias políticas muy grandes” de él y evitó pronunciarse sobre su triunfo hasta tener los “datos correctos y no los datos que va a dar la dictadura, que van a estar manipulados”, dijo.
El presidente depuesto consideró que “el abstencionismo ganó abiertamente en las elecciones”, al señalar que, de acuerdo a sus datos, alrededor de un 65% de la población no acudió a votar a los comicios, a los que gran parte de la comunidad internacional dio la espalda por considerarlos ilegítimos.
Zelaya rechazó que los comicios se realizaron con transparencia y recordó que no hay observadores de organismos internacionales como la Organización de Estados Americanos que avalen la limpieza de la consulta.
OEA convoca a reunión. La Organización de Estados Americanos (OEA) se reunirá el 4 de diciembre para analizar la situación en Honduras tras las elecciones, a las que varios Gobiernos de América y Europa no consideran legítimas, mientras otros las ven como una esperanza y una solución a la crisis.
El anuncio lo hizo el secretario general de la OEA, José Manuel Insulza, en Estoril, donde se inició la XIX Cumbre Iberoamericana.
La reunión de la OEA se celebrará dos días después que el Congreso de Honduras decida si Manuel Zelaya, el depuesto presidente del país, debe asumir el mandato interrumpido por el golpe de Estado del 28 de junio hasta entregar el poder a quien elijan como presidente los hondureños, que también votan hoy para puestos parlamentarios y corporaciones locales.
Los Gobiernos de Argentina, Brasil, Bolivia, España, Nicaragua, Uruguay y Venezuela, entre otros, afirman que no reconocerán al ganador porque las elecciones no cumplen con los requisitos democráticos.
Estados Unidos, Costa Rica, Panamá, Perú, Colombia y México son, por el contrario, o bien partidarios de reconocer los resultados directamente, o bien de esperar a ver cómo se desarrollan los comicios para tomar una decisión.
Dispersan manifestación. La Policía dispersó con gases y cañones de agua una manifestación de simpatizantes del presidente derrocado Manuel Zelaya en una ciudad del norte de Honduras, en el único incidente que se reportó en las elecciones que para algunos constituyen la salida a la crisis en que está el país.
Un millar de miembros del Frente de Resistencia contra el Golpe de Estado que se reunió a manifestar en las calles de San Pedro Sula, a 180 kilómetros al noroeste de Tegucigalpa, a pesar de la prohibición de efectuar este tipo de actividades.
La Policía se dirigió a la protesta y conforme se aproximaba los manifestantes se sentaron en la calle.
Las autoridades les dispararon entonces chorros de agua a presión y poco después gases lacrimógenos, lo que desató un breve enfrentamiento en el que algunos lanzaron piedras y objetos contundentes contra los uniformados.
En el intercambio de proyectiles, resultó con una herida en la cabeza un periodista y al menos otra persona tenía manchas de sangre en la ropa.