Pakistán atraviesa un período crítico debido a una abrumadora serie de calamidades, las vicisitudes de la guerra contra el Talibán y tensiones étnicas que ocurren de manera simultánea en el país.
Uno solo de estos eventos es suficiente para desestabilizar a cualquier nación. Todos al tiempo podrían llevarla al borde de la catástrofe y afectar a una región entera: el sur del Asia.
Tragedias humanas.
Las lluvias torrenciales han causado las peores inundaciones en 80 años. El noroeste del país ha sido la región más afectada, con aldeas enteras completamente arrasadas y destruidas por los deslaves.
En el valle de Swat, donde miles reconstruían infraestructura y hogares tras un gran operativo militar contra el Talibán en el 2009, las crecidas destrozaron puentes y dejaron aisladas a las comunidades.
Aunque el nivel de las aguas ha empezado a bajar en algunas zonas, los meteorólogos pronostican el retorno de las intensas lluvias en la temporada de monzones.
Las agencias internacionales estiman que las lluvias han causado 1,500 muertes y han dejado tres millones de damnificados. Otras 27,000 se encuentran aisladas. Unicef advirtió que un millón de menores necesitan ayuda de emergencia.
Muchos se quejan de que la asistencia ha sido mínima. "La ayuda de la administración civil es completamente nula", afirmó un estudiante de medicina a la BBC.
El temor ahora es que se desaten epidemias de enfermedades transmitidas por el agua estancada. "Diarrea, problemas cutáneos, malaria y fiebre, especialmente en la niñez", le dijo a la BBC el doctor Ahmed Farah Shadoul, representante de la Organización Mundial de la Salud en Pakistán.
En las regiones afectadas escasean los alimentos y los suministros de agua están contaminados por las inundaciones.
Violencia política.
Si en el noroeste llueve, en el sur no escampa. Pero por otras razones.
En Karachi -la ciudad más poblada de Pakistán y un importante puerto y centro empresarial- el más reciente brote de violencia sectaria ha dejado por lo menos 35 muertos.
Los enfrentamientos ocurrieron en reacción al asesinato de Raza Haider, un político del influyente partido MQM, dominado por la comunidad urdu de mayoría chiíta.
El MQM acusó de la matanza al partido ANP -su principal rival, con el que tiene una larga historia de enfrentamientos sangrientos- cuyos miembros son de la etnia pastún y mayoritariamente sunitas.
El delicado equilibrio sectario en Karachi está siendo desestabilizado por una creciente militancia sunita que -se cree- tiene vínculos con Al Qaeda.
En este momento la ciudad está desierta, con oficinas y locales cerrados por temor a más violencia.
Guerra fronteriza.
La ofensiva de las fuerzas internacionales lideradas por Estados Unidos contra el Talibán y Al Qaeda en la vecina Afganistán ha obligado a Pakistán a involucrarse en el conflicto como un importante aliado de Washington.
Las regiones tribales en la frontera entre ambos países son consideradas el bastión de la insurgencia.