Sarah Palin, la primera mujer gobernadora de Alaska y candidata vicepresidencial republicana, abandonó su puesto antes de la conclusión de su mandato, y encara, con pérdida de popularidad, un frío horizonte político.
Palin transfiere la autoridad al vicegobernador Sean Parnell y, según ella misma dijo, se lanza a la búsqueda de políticos que compartan sus ideas para un futuro mejor en el país.
La Gobernadora abandona la mansión gubernamental en Juneau con muy poco cariño de sus correligionarios republicanos de Alaska.
“La incógnita no era si tiraría a Alaska por la borda, sino cuándo lo haría”, dijo el representante republicano Jay Ramras de la Asamblea Legislativa estatal sobre la dimisión de Palin. “Violó toda decencia común, todo protocolo, y fue una muestra de falta de respeto”.