El Papa Juan Pablo II, de 82 años, cada vez más cansado, celebró ayer la vigésima quinta misa navideña de su pontificado luego de haber multiplicado los llamados a la paz, amenazada por la crisis iraquí, la violencia en Medio Oriente y numerosos conflictos en varios puntos del mundo, varios de ellos en América Latina. Más de 10 mil peregrinos asistieron a la misa de medianoche en la basílica de San Pedro, la cual fue transmitida en directo a 47 países de los cinco continentes, entre ellos casi todos los latinoamericanos.
El sumo pontífice limitó notablemente sus desplazamientos dentro de la basílica debido a su precaria salud y estuvo siempre acompañado por "su sombra litúrgica", el maestro de ceremonias pontificias, monseñor Pier Marini. El Papa, como siempre, pronunció una homilía muy espiritual.