LOS CRISTIANOS de todo el mundo celebraron ayer la Navidad con plegarias del Papa Juan Pablo II en favor de la paz y de un futuro más tranquilo, mientras miles de peregrinos se dirigieron a Belén y los iraquíes se mantuvieron alejados de las iglesias por temor a ataques dinamiteros.
El Papa expresó sus preocupaciones sobre Irak, Sudán y otros puntos de conflicto en el mundo, y envió al mundo su felicitación de Navidad, con la esperanza de que los esfuerzos para lograr la paz den un futuro más tranquilo al mundo.
El Pontífice acompañó su mensaje con imágenes del Niño Jesús.
"Ante el pesebre donde yace indefenso, que cesen tantas formas de creciente violencia, causa de indecibles sufrimientos"", pidió.
Comparado con otros mensajes "Urbi et Orbi"" de sus primeros años de papado, el de este año fue mucho más corto. El mal de Parkinson ha afectado la capacidad para hablar del Papa, de 84 años.
En otros puntos del planeta, las familias se reunieron en sus casas o festejaron en las calles.
En Belén, la distensión en las relaciones entre israelíes y palestinos hizo que miles de peregrinos más llegaran al sitio donde según la tradición nació Jesús, aunque fueron menos que en la década de 1990.
El Patriarca Michel Sabbah, el funcionario de la Iglesia Católica más importante en la Tierra Santa, pidió a los israelíes y palestinos que dejen atrás a la violencia.
En Irak, sólo pocos cristianos asistieron por miedo ataques de islamitas.