El Papa Juan Pablo II renunció ayer, por primera vez en 23 años de pontificado, a celebrar personalmente en la basílica de San Pedro el tradicional rito del lavado de pies, que recuerda la Ultima Cena con los doce apóstoles.
El pontífice, que cumplirá 82 años en mayo y desde hace unas semanas sufre de dolores artríticos en la rodilla derecha como consecuencia de la operación sufrida en 1994 al fémur, fue remplazado para el rito del lavado de pies por el cardenal Angelo Sodano, Secretario de Estado. Este año la ceremonia fue celebrada en San Pedro y no en la basílica de San Juan de Letrán, como ha sido la tradición.
El Papa presidió casi toda la ceremonia desde su trono pontificio como lo hizo para la misa en la mañana y el Domingo de Ramos. Juan Pablo II apareció ayer mucho más cansado que los días pasados y se limitó a pronunciar las oraciones de la liturgia, así como la homilía sobre el misterio de la muerte y la resurrección de Cristo.
El Papa inauguró los ritos de Semana Santa con una inusual Misa del Crisma, al presidir la liturgia de la Palabra y evitar los desplazamientos para la parte eucarística.
El Papa celebró la parte de la misa dedicada a la Palabra, comentó el Evangelio, participó en la parte eucarística invitando a los presentes a tomar la hostia y dirigió la oración después de la comunión.