El papa Juan Pablo II pronunció un discurso histórico ayer ante el Parlamento italiano, en el que exhortó a los italianos a trabajar en favor de la paz mundial, a defender sus valores cristianos y a tener más hijos a fin de revertir la descendiente tasa de natalidad del país.
Fue la primera vez que un Pontífice habla ante el Parlamento italiano, y puso de manifiesto el cariño que el país siente por el Papa polaco, el primer pontífice no italiano en 455 años.
La visita también mostró que Italia y la Iglesia han restañado las heridas un siglo después que los Papas se consideraran prisioneros"" del Vaticano, en vez de aceptar al gobierno italiano como legítimo.
Juan Pablo se refirió a esas tensiones antiguas, pero dijo que ahora los vínculos son más estrechos y que la propia identidad italiana sería difícil de comprender sin hacer referencia a la cristiandad, su elemento vital.
Los legisladores interrumpieron el discurso cerca de 20 veces con aplausos y dieron al Papa una ovación de pie; algunos gritaron ¡Viva el Papa! al finalizar su discurso.
La visita, sin embargo, enfrentó alguna oposición. Un grupo de diputados dijo que no asistiría para hace hincapié en que Italia es un país secular, y cerca de una docena de activistas por los derechos homosexuales protestaron en una plaza cercana.
El discurso tuvo una repercusión imprevista: Un capo de la mafia prófugo se entregó luego de escuchar los comentarios del Papa en torno a los valores familiares, informó su abogado. Benedetto Marciante había sido convicto y sentenciado a 30 años de cárcel en septiembre por homicidio y asociación con la mafia.
El Papa, de 82 años, habló de la mayoría de los temas generales a los que se ha referido durante sus 24 años de pontificado: el respeto por la dignidad humana, la democracia, la paz y la justicia.
Habló sobre el actual conflicto israelí-palestino y el terrorismo internacional que ha tomado una nueva y atemorizante dimensión, incluyendo en forma totalmente distorsionada a las grandes religiones.