Benedicto XVI en su penúltimo ángelus, exhortó a los fieles a no instrumentalizar a Dios para sus propios beneficios, "dando más importancia al éxito y a los bienes materiales" que a Él.
“El tentador (el diablo) es un falso, no empuja directamente hacia el mal, sino hacia un falso bien, haciendo creer que lo que importa es el poder y lo que satisface las necesidades primarias”.

En ese contexto, “Dios pasa a ser secundario, queda reducido a un medio y definitivamente pasa a ser irreal, no cuenta más y desaparece", manifestó.
El papa animó a los fieles a no tener miedo para afrontar las tentaciones y combatir “contra el espíritu del mal” y que lo importante es que el hombre lo haga “junto a Cristo”.

El pontífice hizo votos para que en este tiempo de Cuaresma la contemplación de la pasión, muerte y resurrección de Cristo ayude a los fieles a seguir más de cerca a Cristo, subrayó que la Cuaresma es tiempo de conversión y penitencia y que la Iglesia “llama a todos sus miembros a renovarse y a renegar del orgullo y del egoísmo y vivir en el amor”.
La Cuaresma, prosiguió el papa, es un tiempo favorable para descubrir de nuevo la fe en Dios y para luchar contra el espíritu de mal, “que se opone a la santificación de los hombres”.
Apoyo
Unas 100,000 personas, según el alcalde de Roma, asistieron en la Plaza de San Pedro al penúltimo ángelus dominical de Benedicto XVI como papa, que “suplicó” a los fieles que recen por él y por el próximo pontífice e invitó en este tiempo de Cuaresma a toda la Iglesia a la renovación.
“Viva el papa” y “Benedicto, Benedicto” fueron los gritos de los fieles.
“Agradezco de corazón a todos su oración y afecto en estos días. Os suplico que continuéis rezando por mí y por el próximo papa, así como por los ejercicios espirituales, que empezaré junto a los miembros de la Curia Romana”, afirmó en español.
Los presentes dedicaron una gran ovación que duró varios minutos al papa, quien se retiró a sus ejercicios espirituales con la Curia Romana hasta el sábado día 23 de febrero.
Los ejercicios espirituales se desarrollarán en la capilla “Redemptoris Mater” del Vaticano y las meditaciones estarán a cargo de Gianfranco Ravasi.