La falta de ejercicio y el exceso de grasas y azúcares podrían no ser los únicos factores que están contribuyendo a la epidemia de obesidad infantil en el mundo.
Una nueva investigación afirma que los niños que no duermen suficientes horas tienen más riesgo de volverse obesos.
Este estudio apoya la creciente evidencia científica que indica que el patrón de sueño tiene un impacto en el peso de las personas.
"Varios trabajos ya han demostrado, sobre todo en adultos, que el mal dormir está bien vinculado al aumento de peso", dijo la doctora Rosa Labanca, médico nutricionista de la Sociedad Argentina de Obesidad y Trastornos Alimentarios.
Descubrió que los niños que dormían menos de nueve horas cada noche tenían más riesgos de volverse obesos, independientemente de su raza, sexo, clase social, o calidad del ambiente familiar, señala el estudio.
Según los especialistas, muchos niños no están teniendo suficientes horas de sueño.
Y esto, dicen, "no sólo los está volviendo irritables, malhumorados sino también los está poniendo en mayor riesgo de desarrollar obesidad".
Los investigadores tomaron en cuenta el IMC (Índice de Masa Corporal) original de los niños, que es un cálculo basado en la altura y el peso, y llevaron un registro de control según este dato.
Sin embargo, no tomaron en cuenta el peso y los hábitos de los padres, lo cual también puede tener un impacto en el niño.
Los resultados mostraron que entre los niños que dormían de 10 a 12 horas cada noche desde los 8 años, un 12% se volvió obeso al cumplir los 11 años de edad.
Esto comparado con 22% de los niños que dormían menos de nueve horas cada noche.
El estudio encontró que los niños de 12 años con sobrepeso dormían menos horas que los niños con un peso normal.
En tanto, la mayoría de los menores de 12 años con sobrepeso eran de sexo masculino.
Según la doctora Rosa Labanca, estos resultados apoyan la evidencia de que el sueño tiene un impacto directo en el peso de los adultos.
"En los adultos esto se da con frecuencia" afirma.
Labanca explicó que " el mal dormir está asociado a modificaciones de los neurotransmisores cerebrales que intervienen en el estímulo del apetito".
Y por cada hora adicional de sueño a los 8 años, los riesgos de obesidad disminuían 40% cuando el niño cumplía 12 años, según la investigación.