Italia se paralizó ayer desde los Alpes hasta Sicilia para despedir a sus 17 soldados y dos civiles muertos en un ataque contra un cuartel de la policía militar italiana en Irak.
"Llevaron amor a Irak y les devolvió muerte", se leía en uno de los cientos de muestras florales con inscripciones, algunas de tipo formal y otras, improvisadas.
Durante un funeral de Estado, un cardenal recordó ante una multitud llorosa que los cristianos tienen que amar a sus enemigos, incluso si se trata de "asesinos terroristas".
En toda Italia las tiendas cerraron y millones de personas en escuelas y oficinas guardaron un minuto de silencio, mientras el presidente Carlo Azeglio Ciampi encabezaba el funeral en la Basílica de San Pablo, la segunda mayor iglesia de Roma.
El más famoso punto de referencia de Roma, el Coliseo romano, apagó sus luces para resaltar con su oscuridad la tristeza del ambiente.
A la misa del funeral, transmitida por televisión a todo el país, asistieron casi todos los 20 italianos heridos durante el ataque en la ciudad iraquí de Nassiriya.
Uno con muletas, otro con un brazo en cabestrillo, todos desfilaron ante los 19 ataúdes, que yacían sobre una alfombra roja ante el altar.
"Nunca los olvidaremos", murmuró Federico Boi, uno de los heridos.
La mayoría de los italianos se opuso a la invasión de Irak encabezada por Estados Unidos y tenía sentimientos encontrados ante el subsiguiente despliegue de unas 2,700 efectivos en el país árabe, una vez que cayó Bagdad.