El Parlamento de Serbia analiza la situación en el norte de Kosovo, que concentra la minoría serbia de la región, tras el agravamiento de la tensión en la frontera por la intervención allí de fuerzas especial de la Policía kosovar y la violenta respuesta de radicales serbios.
La sesión extraordinaria fue convocada por el Gobierno bajo la premisa de defender el diálogo entre Belgrado y Pristina para llegar a una solución pactada.
Belgrado considera que el despliegue de policías especiales kosovares en los pasos fronterizos de Jarinje y Brnjak fue una provocación que pretende modificar la actual situación en el norte de su exprovincia.
Serbia no reconoce la independencia de Kosovo, autoproclamada en febrero de 2008 por los dirigentes de la mayoría albanokosovar, y considera ese territorio una parte del país.
La operación policial fue justificada por Pristina en la necesidad de controlar el veto a productos serbios, aprobado la semana pasada, en respuesta a una prohibición de las importaciones kosovares decretada por Belgrado, que no reconoce los símbolos de la soberanía kosovar como, por ejemplo, sus sellos aduaneros. La operación degeneró en un tiroteo con serbios locales en el que un agente kosovar resultó muerto. Posteriormente, radicales serbios incendiaron el puesto de Jarinje.
Lo dos pasos fronterizos están bajo el control de la KFOR, la misión de la OTAN en Kosovo, desde el miércoles y han sido declarados zona militar prohibida y han sido cerrados al tráfico.
La población serbia local mantiene las barricadas en los accesos a los dos pasos, con la exigencia de que se restablezca la situación anterior a la operación kosovar y los puestos fronterizos vuelvan a estar controlados por policías kosovares de etnia serbia.