El costo de las huelgas de protesta por la reforma del sistema de pensiones en Francia se sitúa entre 400 y 600 millones de dólares por cada jornada de paro interprofesional, señaló la ministra de Economía, Christine Lagarde.
En una entrevista a la emisora de radio "Europe 1", Lagarde no quiso avanzar un cálculo global desde que empezó el movimiento contra el proyecto de ley de su Gobierno, por considerar que "es muy difícil de cifrar".
"Le Figaro", a partir de las cuantificaciones del Ministerio de Economía, había dado ayer una horquilla de 1,600 a 3,200 millones de euros por las ocho jornadas de paro que ha habido hasta ahora, lo que incluiría "las horas de trabajo perdidas y las pérdidas sufridas en los diferentes sectores".
Lagarde puntualizó que además de eso hay un "perjuicio moral" por el daño que sufre la imagen de Francia en el exterior.
Desabastecimiento.
Los problemas de falta de carburante se agravaron ayer en Francia, donde un tercio de las gasolineras no puede vender por falta de aprovisionamiento.
La Unión de Importadores Petroleros (UIP), que reúne a las gasolineras independientes, reconoció ayer que la situación ha empeorado respecto a ayer, cuando el Gobierno admitió problemas en una cuarta parte de las estaciones de servicio, y estimó que eso significa que la tercera parte carece de combustible.
Protestas.
Las principales organizaciones estudiantiles convocaron para hoy una jornada de protesta contra la reforma de las pensiones que tomará forma de manifestaciones diversas en todo el país.
Sentadas, concentraciones frente a las sedes provinciales de los partidos y de la patronal y otro tipo de acciones se desarrollarán en diversos puntos del país, anunciaron las organizaciones.
El objetivo es mantener viva la protesta hasta que el próximo jueves tenga lugar una nueva jornada de huelga general convocada por los sindicatos.
Las organizaciones estudiantiles son conscientes de que los alumnos de institutos están de vacaciones, pero no los de las universidades, a quienes principalmente va dirigida la convocatoria.
Para evitar entrar en la habitual guerra de cifras, los sindicatos de estudiantes han evitado convocar grandes manifestaciones y apuestan por los pequeños actos de protesta.