Investigadores españoles han descubierto que con el análisis de la "firma química" que dejan los alimentos en las plumas de las pardelas se puede conocer el lugar de nacimiento y cría de estas aves marinas capaces de pasar sus primeros meses en las islas Baleares y los últimos en Uruguay o Sudáfrica.
El conocimiento del comportamiento de estas aves es indispensable para saber cómo protegerlas, pues recorren cada año miles de kilómetros y sólo sabiendo de dónde procede cada individuo se puede estimar la gravedad del impacto en la población original cuando mueren.
Si un accidente "está afectando a una única población de pardelas", afirma Jacob González-Solís, investigador de la Universidad de Barcelona, "puede llegar a extinguirla".