El proceso de paz de Irlanda del Norte enfrentaba ayer su más profunda crisis desde la firma del Acuerdo de Viernes Santo de 1998, tras ser sacudido por una presunta operación de espionaje del IRA que algunos comparan con el escándalo de Watergate en Estados Unidos.
Las acusaciones de que el Ejército Republicano Irlandés (IRA) penetró el santuario del poder británico en la provincia han dejado a los unionistas protestantes clamando para que se expulse del gobierno de poder compartido al Sinn Fein, el aliado político del grupo.
En los próximos días se llevarán a cabo conversaciones cruciales, pero en una atmósfera cada vez más febril en Belfast, pocos esperan que el gobierno sobreviva la semana.
Si la coalición católica-protestante se derrumba, Londres se verá forzada a asumir el manejo de los asuntos rutinarios del gobierno de Irlanda del Norte, y aunque la mayoría de los analistas coincide en que hay pocas probabilidades de que el IRA vuelva a una guerra abierta, aún hay temores de que facciones violentas puedan explotar el vacío político.