La presidenta chilena, Michelle Bachelet, acabó un viaje a Cuba que empezó polémico, por no recibir a disidentes que les recordaron que también ella fue víctima de una dictadura, y terminó agriado por el apoyo al reclamo marítimo boliviano que publicó el líder cubano Fidel Castro tras recibirla.
Pero "ningunear" a los disidentes, como dijo resignado a EFE uno de ellos, es un precio que ya pagaron muchos presidentes latinoamericanos.