EL CASO de Adriana Iliescu de 67, la rumana que se convirtió el pasado domingo en la madre más vieja del mundo al dar a luz una niña en un hospital de Bucarest, ha desatado una fuerte polémica en este país de población muy religiosa.
"No vivirá para ver crecer a su hija", la han criticado numerosos comentaristas en varios periódicos, mientras que otros han publicado opiniones de ginecólogos que consideraban grande el riesgo para la salud de la madre.
La Iglesia Ortodoxa se pronunció ayer contra "este acto egoísta".