
A lo largo de sus ocho años como regente de la Iglesia católica, Benedicto XVI solo realizó 24 viajes, mediante los cuales trató de propiciar acercamientos con diversos grupos religiosos y con países alejados de la Iglesia.
Hay grupos que precisan que entre sus grandes logros está su histórica visita a territorio cubano.
Otros aseguran que supo enfrentar de alguna manera los casos de pederastia dentro de la Iglesia.
En sus viajes, hubo algunos discursos que causaron mucho revuelo, tal es el caso del de la Universidad de Ratisbona.
En ese momento, el papa condenó la “irracionalidad” de “la difusión de la fe mediante la violencia”, como ocurre en la “yijad” (guerra santa) del Islam.
Durante su pontificado intentó mejorar las relaciones con los judíos, pero se registraron fuertes controversias por levantar la excomunión a un obispo que niega el Holocausto (lo que hizo al desconocer esa realidad) y acelerar la beatificación de Pío XII, al que los judíos acusan de haber callado ante la Shoah.
En estos ocho años, robusteció un pontificado que ha tenido como puntos cardinales el diálogo entre fe y la razón, el ecumenismo, proseguir el trabajo trazado en el Concilio Vaticano II y la defensa a ultranza de la vida desde el momento de la concepción hasta la muerte natural.
Benedicto XVI defendió en todos los foros y en todos los países que visitó a la familia como célula básica de la sociedad, el matrimonio entre un hombre y una mujer y la libertad de educación.
El avance del secularismo y el relativismo fueron fuentes de preocupación constante para el papa teólogo, quien durante su pontificado intentó devolver a Cristo al centro de la vida de la Iglesia y del hombre en un mundo que -no se hartó de denunciar- vive de espaldas a Dios y cree que ya no le necesita.
Ratzinger denunció que en el mundo actual se va configurando una dictadura del relativismo.
También intentó adelgazar la curia, para hacerla más eficiente, pero con escaso éxito. La reforma es tema pendiente.