La decadencia física del Papa Juan Pablo II, evidente tras su viaje de cuatro días a Eslovaquia, podría prevalecer sobre su voluntad de seguir viajando y hay quienes piensan que se podría aplicar un mecanismo previsto en caso de incapacidad total para dirigir la Iglesia Católica.
Varios vaticanistas y religiosos, consultados al término del agotador viaje del Papa a Eslovaquia, se interrogan sobre el futuro del pontificado en caso de que el pontífice se vea obligado a dejar de viajar.
Desde que iniciaron sus problemas de salud a mediados de los años 90, el Papa ha siempre dicho que no renunciará a su mandato ni por razones de edad ni por problemas de salud. "La Iglesia se gobierna con la cabeza y no con las piernas", afirmó a raíz de sus problemas para desplazarse.
Juan Pablo II no sufre ya de los altibajos provocados por la enfermedad de Parkinson, sino que entró en una fase más delicada, de "declinación", según admitieron algunos cardenales. El artículo 332, párrafo 2, del código canónico prevé que el sumo pontífice "renuncie" a su mandato.
No se trata de una dimisión, ya que nadie dentro de la Iglesia podría "aceptar" su renuncia del cargo, como subraya el mismo código. Otra posibilidad es que el Papa deje un documento a su secretario personal, Stanislaw Dziwisz, en el que abdica en caso de que sus capacidades intelectuales se vean gravemente afectadas.
Su predecesor, Pablo VI, lo hizo, según reveló recientemente su secretario privado, Pasquale Macchi. El derecho canónico no prevé el alejamiento del jefe de la Iglesia católica en ningún caso, ni siquiera en caso de enloquecimiento.