Las costumbres adquiridas durante la vida silvestre obstaculizan la introducción del inodoro en el medio rural de Camboya, a pesar de las ventajas higiénicas que se atribuyen a estos aparatos.
Por eso, cada año mueren unas 10,000 personas por problemas asociados a la falta de higiene y solo el 23% de la población rural tiene acceso a aseos.
La organización no gubernamental International Development Enterprises (IDE) intenta romper esta tendencia con un concepto de mercadotecnia nuevo en Camboya.
"Nuestro principal reto es hacer sexy las letrinas para que la gente esté dispuesta a pagar por ellas", señala Tamara Baker, responsable de marketing del programa diseñado por IDE.
El primer paso consistió en rebajar el precio y ofrecer un "cuarto de aseo fácil", de sencilla fabricación y que cuesta 35 dólares, bastantes menos que los 100 dólares del modelo tradicional.
Luego, IDE formó a varios ciudadanos para que se convirtieran en empresarios y fuesen ellos mismos quienes convencieran a sus vecinos de las ventajas de las letrinas.
"Estamos creando demanda, pero también oferta, con empresarios que pueden sacar un buen beneficio de este negocio", explica Baker.
Noan Makara es uno de los 29 emprendedores camboyanos que han comenzado a fabricar y vender en un pequeño distrito de la provincia de Kandal, en el centro de Camboya.
Los trozos de azulejos y los sacos de cemento están expuestos en el jardín de su vivienda y en la parte trasera ha improvisado una pequeña fábrica.
"Al principio, poca gente estaba interesada. Ahora que los precios han descendido, hay muchas más ventas", asegura Makara, quien vende hasta 800 inodoros anuales con un margen de beneficio de 4,000 dólares.
"Vender no siempre es fácil, siempre me dicen que no tienen dinero", apunta por su parte Nhek Romara, un agente de ventas que recorre en su motocicleta la provincia de Kandal, buscando posibles clientes.
"Yo les digo que ya ahorrarán luego, cuando dejen de estar enfermos y de gastarse el dinero en hospitales y medicamentos", continúa Romara.
Para hacerlo más atractivo, venden el producto como un símbolo de riqueza y estatus social para que pueda así competir con otros bienes más populares, como los móviles.