E l suizo Auguste Piccard asombró a la sociedad de la primera mitad del siglo XX con inventos como el batiscafo y proezas como ascender a la estratosfera en globo. Su nieto, Bertrand, se ha propuesto ahora un reto aún mayor: dar la vuelta al mundo en un avión propulsado sólo con energía solar ,para demostrar que es posible liberarse del petróleo.
Este psiquiatra suizo de 50 años, que ha heredado de su abuelo y su padre, el gusto por la ingeniería y la aventura, ya sabe lo que es dar la vuelta al mundo por el aire, haciendo lo que nadie más había conseguido antes.
De hecho en 1999 se convirtió en el primer hombre en circunvalar el planeta en globo sin escalas.
Un gran desafío.
Actualmente Bertrand Piccard, se ha embarcado ahora en otro desafío que, si todo va bien, le llevará de nuevo alrededor del mundo: 'Solar impulse', su proyecto para construir un avión capaz de dar la vuelta al planeta, empleando exclusivamente la energía del sol.
Piccard ha estado en Santander para explicar en un curso organizado por la Universidad de Cantabria y la multinacional belga Solvay, uno de sus patrocinadores, que el desafío va más allá del componente puramente aeronáutico, porque su verdadero propósito es demostrar al mundo, que puede "liberarse del petróleo".
"Podemos inventar un futuro diferente. Ese es el mensaje que todo el equipo de 'Solar impulse' quiere transmitir", argumenta este aviador, que sostiene que "el verdadero éxito" de su aventura se logrará si acierta a "contagiar a la gente el espíritu pionero", si la hace ver que se pueden cambiar los hábitos de consumo energético.
El medio que simboliza ese reto es un extraño avión que tiene la envergadura de un Airbus 380 (80 metros), pero pesa como un coche (dos toneladas).
Y es tan eficiente en el consumo de energía, que si funcionara con gasolina, gastaría un litro por hora.
Cruzar el Atlántico.
De momento, ese aeroplano es sólo un proyecto, pero Bertrand Piccard y sus colaboradores ya están inmersos en la construcción de un modelo algo menor (60 metros de envergadura y 1.5 toneladas de peso) con el que intentarán demostrar que el reto es viable.
Probarán ese primer prototipo en la primavera de 2009, con un vuelo a baja altura, para plantearse unos meses más tarde, un vuelo de 36 horas con el que cubrir un ciclo completo de día-noche-día.
De ese modo, comprobarán que los paneles solares del avión, generan suficiente electricidad durante el día para mantenerlo en el aire y para cargar las baterías con las que funcionará de noche.