Junto con Carlos de Austria fueron elevados a la gloria de los altares la monja italiana María Ludovica de Angelis, que pasó 50 años en Argentina al servicio de los niños; la mística alemana Anna Katharina Emmerick, y los religiosos franceses Pierre Vigne y Joseph Marie Cassant.
Ante cerca de 20,000 personas congregadas en la Plaza de San Pedro del Vaticano, Juan Pablo II, que presentaba buen aspecto pero cierta fatiga al hablar, destacó que los nuevos beatos "se dejaron guiar por la palabra de Dios como un faro luminoso, que nunca cesó de iluminar su camino".
En la homilía para la beatificación de Carlos de Habsburgo, cuya lectura confió a un colaborador, el Papa Wojtyla hizo hincapié en que el monarca fue "un amigo de la paz".
"A sus ojos la guerra era algo espantoso; en medio de la borrasca de la primera guerra mundial llegó al Gobierno e intentó continuar con las iniciativas de paz de mi predecesor Benedicto XV", señaló el texto de Juan Pablo II.
Pese a que la beatificación del monarca ha sido muy discutida en Austria por quienes recuerdan su intervención en la guerra mundial y sus aspiraciones políticas, sus defensores aducen que apoyó los esfuerzos por la paz y en política impulsó una legislación social inspirada en la enseñanza cristiana.
María Ludovica de Angelis (1880-1962), era de la congregación de las Hijas de Nuestra Señora de la Misericordia de Savona, que dedicó 50 años a trabajar en el Hospital de Niños de La Plata (Argentina), donde vivió hasta su muerte.
La alemana Anna Katharina Emmerick (1774-1824) fue conocida por sus estigmas y sus visiones, y tuvo siempre "la paciencia para soportar la debilidad del cuerpo" acompañada de una gran "firmeza en la fe".
Pierre Vigne (1670-1740) fue el fundador de la Congregación de las Hermanas del Santísimo Sacramento.
De Joseph Marie Cassant (1878-1903), monje de la orden cisterciense, "puso siempre su confianza en Dios.