Un estudio de las Naciones Unidas sobre asentamientos urbanos cita a las ciudades de Bogotá, Rio de Janeiro, México DF, La Habana y Quito como ejemplos elocuentes de proliferación de barriadas degradadas y llenas de pobreza.
El estudio ha sido elaborado por el Centro para los Asentamientos Humanos de la ONU (Hábitat), y en él se afirma que casi 1,000 millones de personas, el 32% de los habitantes de las ciudades en el mundo, vive en zonas urbanas degradadas.
En el caso particular de Bogotá, el informe lo atribuye al rápido crecimiento de la población, a la fuerte emigración de las zonas rurales y a la violencia, que ha desplazado a comunidades enteras.
El informe afirma que mientras que un 19.4 % de la población de Bogotá vivía por debajo del umbral de la pobreza en 1994, en 2000 esta cifra había subido al 23%.
Una de las cuestiones pendientes en esta ciudad es el déficit de viviendas, que se eleva a más de 500,000 unidades, y produce un alto nivel de urbanización informal en el perímetro urbano.
En México DF, el informe atribuye al desarrollo urbanístico no autorizado la proliferación de las "colonias populares" y las "vecindades", como se denomina a las barriadas que han surgido en el perímetro de la capital mexicana.
Para la agencia de la ONU, algunas de estas comunidades se han convertido en zonas degradas por la mala administración de los proyectos, muchos de los cuales están subsidiados por el Gobierno, así como por la baja calidad de las construcciones.
El informe denuncia también la dejadez de las autoridades locales, pese a que los proyectos de viviendas representan una cuarta parte del presupuesto social del gobierno central.
En Quito el fenómeno de los barrios pobres es reciente, comparado con otras ciudades, ya que empezó a mediados de los años 70. Conocidos como "barrios ilegales", son asentamientos sin licencia por toda la capital ecuatoriana, algunos de ellos en el propio centro histórico, a los que se denomina como "los conventillos".
El caso de Rio de Janeiro también se expone en el informe, que deja constancia del crecimiento de las "favelas" o "cortisos" (viviendas sociales), durante la década de los 80 y los 90.
El reporte reconoce que la población de estas zonas cuenta con diferentes tipos de subsidios gubernamentales y de ayuda para pagar el alquiler, así como programas de financiación de desarrollo urbanístico que son innovadores, pero que han sido difíciles de implementar. El caso de la Habana es diferentes, debido a las propias peculiaridades de Cuba.
Según el estudio, los "barrios indigentes" siguen creciendo y se están formando nuevos asentamientos, de manera que en el 2001, Cuba tenía 60 barrios degradados, el doble que en 1987.