El presidente estadounidense George W. Bush anunciará hoy una iniciativa espacial para retornar a la Luna, un objetivo que suscita interrogantes sobre las motivaciones del proyecto, su potencial comercial y científico y la manera de financiarlo.
Al proclamar esta ambición, Bush pretende rebatir las críticas de aquellos que -especialmente desde el Congreso- le reprochan a su gobierno una falta de visión en materia espacial tras el accidente del trasbordador Columbia el 1 de febrero de 2003.
El ambicioso proyecto, que aspira a establecer en la Luna una base humana como campo de entrenamiento para misiones de exploración más lejanas, como las que tienen por destino a Marte, es también una manera habilidosa de lograr que sea aceptado el fin del programa de trasbordadores espaciales para el 2010, cuyo anuncio es esperado también.
El fin del programa del trasbordador espacial es un tema sensible en Florida y Texas, dos Estados sureños donde cientos de miles de empleos dependen de la industria espacial. Estos Estados son claves para Bush en pleno año electoral, y también para el resto de los republicanos, mayoritarios en el Congreso.
De aquí al 2010, el trasbordador debe concluir las tareas necesarias para la puesta en funcionamiento de la Estación Espacial Internacional (ISS, siglas en inglés), para ceder su lugar a otros sistemas de transporte, como el avión espacial orbital actualmente en desarrollo.
El actual proyecto de avión espacial podría ser modificado para permitir viajes más allá de la órbita terrestre, subrayaron Ed Meme y Michael Coats, portavoces de las divisiones espaciales de Boeing et Lockheed Martin, principales empresas privadas encargadas de la concepción de este nuevo sistema de transporte.
Sin embargo, uno de los principales partidarios de una misión lunar, Rick Tumlinson, fundador de la Space Frontier Foundation y organizador de una conferencia anual para promover el retorno a la Luna, ha expresado dudas sobre la capacidad de la NASA para afrontar el desafío que Bush se apresta a lanzarle.
"Si el gobierno asume el control, el precio (de un programa de ese tipo) no bajará jamás", afirmó. "La NASA se arriesga a llegar allá arriba e impedir a todos los demás que vayan", agregó.
El satélite natural de la Tierra podría ser transformado en un generador gigante, albergando paneles solares capaces de producir electricidad y enviarla a la Tierra con ayuda de equipos similares a los que transmiten hoy señales de radio de alta intensidad, según los expertos.
"De aquí al 2050, la Tierra tendrá 10,000 millones de habitantes que demandarán cinco veces la energía disponible hoy en día. De aquí a ese entonces, la energía solar de la Luna podría proveer una fuente de energía propia y renovable", explicó David Criswell, profesor de física de la Universidad de Houston (Texas), durante una audiencia del Senado estadounidense el pasado noviembre.
Para este especialista en temas espaciales, autor de tres obras sobre las posibilidades de explotación de la Luna, "ninguna opción terrestre puede proveer la energía" que se requerirá dentro de 50 años.
Queda por definir el costo de un proyecto de ese tipo, que en 1989 le valió una derrota a George Bush, padre del actual presidente, ante un Congreso horrorizado por un desembolso potencial de 400 mil millones de dólares.
Esta vez, se espera que Bush hijo prometa mantener la disciplina fiscal, limitando el crecimiento anual del presupuesto asignado a la NASA al 5% de su dotación actual de 15,000 millones de dólares, es decir, unos 800 millones de dólares al año, provenientes de recortes aún por definir en otros programas espaciales considerados menos prioritarios.