Centenares de miles de venezolanos esperaron pacientemente bajo un sol infernal en largas filas para ver por última vez al presidente Chávez, en la capilla ardiente de la Academia Militar donde la ansiedad causó carreras, burlas a la guardia y desmayos.
Tener paciencia era una condición “sine qua non” para poder despedir al mandatario.
Algunos, como John Jackson, un comerciante de 34 años, pasaron la noche en las inmediaciones de la academia, a la intemperie y sin poder pegar ojo mientras la fila avanzaba lentamente hacia el féretro.
“Tuve que luchar bastante, yo quería ver a mi presidente”, y lo logré.