Los siete pueblos indonesios, con unos 225 vecinos, que quedaron sepultados tras el seísmo de 7,6 grados en la escala de Richter, que sacudió Sumatra en septiembre pasado, fueron declarados ayer oficialmente fosas comunes.
El Gobierno del distrito de Padang-Pariaman tomó la decisión después de consultar con los familiares de los desaparecidos y ante la imposibilidad de recuperar los cadáveres.
Pasadas dos semanas, los esfuerzos de las autoridades indonesias, las agencias internacionales y las organizaciones no gubernamentales se concentran en la asistencia humanitaria a los supervivientes.
La Cruz Roja calcula que el balance total de fallecidos ascenderá a unas 3.000 personas, de las que por el momento sólo se ha recuperado a un millar de entre los escombros, además de 450.000 personas sin hogar.
Un terremoto de 6,0 grados en la escala abierta de Richter sacudió hoy el norte de las islas Molucas, sin que las autoridades indonesias informaran sobre daños materiales o víctimas.