El candidato a la Presidencia de Ecuador por el movimiento Alianza País, Rafael Correa, está considerado en círculos políticos como una persona inteligente con alta capacidad de liderazgo, una imagen de seguridad e independencia que para sus detractores es, más bien, el reflejo de una personalidad arrogante.
Radical en sus discursos, Correa, economista de profesión, figura a sus 43 años como favorito para los comicios del próximo domingo, en los que asegura que vencerá en primera vuelta, declaración que unos atribuyen a un optimismo justificado y otros a la prepotencia, según comentarios de personas comunes y también de sicólogos.
Su imagen aporta frescura en el tablero electoral, al ser un personaje sin desgaste político, que se hizo popular en los 106 días en que se desempeñó como ministro de Economía del actual Gobierno, al que le resultó incómodo por su rechazo directo a la injerencia de organismos internacionales en las decisiones del país.
Ya fuera del Gobierno y pese a que, bastantes analistas lo consideraban muy inmaduro políticamente, Correa encarnaba para muchos las características del cambio que consideran que requiere el país para dejar atrás la desigualdad.