El reciente vertido de químicos en el río Songhua, que afectó a 9.3 millones de personas en Harbin, China, demuestra el poco interés en controlar el desenfreno industrial en el Asia. Nuevamente, nadie respetó la naturaleza y las personas corrieron el peligro de morir envenenadas por altas dosis de benceno.
Es una lástima ver cómo niños y gente humilde tuvo que soportar largas filas para obtener agua limpia. Esto, sin duda, hizo comprender al Gobierno de Pekín que urge poner control a las empresas que no protegen la ecología.
Más aún, el desastre recordó otra tragedia, mucho peor, como lo fue la catástrofe de Bhopal, ocurrida en India en diciembre de 1984. En aquel fatídico hecho, una central química dejó escapar gases venenosos que mataron a 20,000 personas.
La lección de Harbin y el recuerdo de Bhopal han quedado como ejemplos de que la humanidad debe ser responsable con el medio ambiente.