Varios prominentes líderes republicanos, entre ellos el ex secretario de Estado, Henry Kissinger y el ex asesor de Seguridad Nacional, Brent Scowcroft, se distancian de los planes del presidente de EU, George W. Bush para derrocar al mandatario iraquí, Sadam Hussein, y se interrogan sobre la necesidad de atacar Bagdad.
Un tras otro, destacados parlamentarios, como Chuck Hagel o Dick Armey y ex responsables, como Brent Scowcroft y Henry Kissinger se preguntaron, cada uno a su manera, sobre la urgencia de un ataque y esperan obtener aclaraciones previas a cualquier decisión.
Entre las preguntas que se formulan: ¿cuál es la verdadera amenaza del programa militar iraquí?, cuáles son los vínculos entre Bagdad y los terroristas del 11 de septiembre?, ¿cuáles son los riesgos para la estabilidad de Medio Oriente?, ¿Estados Unidos está dispuesto a reconstruir Irak en la era "pos Sadam"?, ¿qué aliados están dispuestos a seguir a Estados Unidos?, ¿la opinión pública está dispuesta a aceptar pérdidas estadounidenses significativas?
Bush dijo el pasado viernes ser consiente de que hay personas muy inteligentes que expresan su punto de vista sobre Hussein e Irak pero añdió que"nadie debería poner en duda que esta persona (Sadam) se burla del mundo, que reprimió a su propio pueblo, que molesta a sus vecinos y que quiere adquirir armas de destrucción masiva".
Brent Scrowcroft pidió el jueves en el diario Wall Street Journal que "no ataque a Irak" porque ello "pondría seriamente en peligro o aniquilaría la campaña antiterrorista que hemos emprendido".
Scrowcroft, asesor en materia de seguridad de los presidentes Gerald Ford y George Bush padre, sigue siendo un especialista respetado en problemas de inteligencia.
El líder de la mayoría republicana de la Cámara de Representantes, Dick Armey, expresó su oposición a una guerra "si no hay una provocación" previa de Irak.