Un grupo de restauradores mexicanos ha completado los trabajos de recuperación de un conjunto de pinturas rupestres hechas hace 3.000 años por el enigmático pueblo de los olmecas en el sur de México.
La existencia de la cueva de Oxtotitlán, donde se encuentran los restos, se conocía desde que diera cuenta de ella el arqueólogo David Grove en 1968, pero había secretos que no habían sido descubiertos.