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Restos de reina madre llegan al Parlamento


Los restos de la reina madre de Inglaterra llegaron ayer, para permanecer cuatro días, al imponente pabellón medieval de Westminster Hall, donde el rey Carlos I fue juzgado en el siglo XVII antes de ser decapitado. En una procesión ceremonial llena de pompa, el ataúd de la reina madre fue trasladado por las calles de Londres seguido por tres generaciones de la familia real que le rindieron homenaje.
Miles de personas se apostaron a lo largo del camino bajo un sol primaveral para presenciar el mayor espectáculo militar en el Reino Unido desde que se celebraron los funerales del primer ministro Winston Churchill, en 1965.
Todos los ojos se centraron en los príncipes William y Harry, que revivieron el doloroso recuerdo de un otoñal día de septiembre de 1997 cuando ambos marcharon detrás del ataúd de su madre, la princesa Diana, muerta en un accidente de tráfico en París.
Los más de 200 mil británicos que ayer asistieron a la marcha del cortejo fúnebre de la reina madre bajaron sus cabezas y guardaron un silencio respetuoso al paso del ataúd. "Mi madre vivió 101 años, lo que es una gran edad. Ella tuvo una maravillosa vida", dijo la reina Isabel de su madre.
Fue un día doblemente triste para la reina Isabel, de 75 años, que en las últimas siete semanas ha perdido a su hermana, la princesa Margarita, cuatro años más joven que ella, y ahora a su madre. Sus muertes han oscurecido también las celebraciones del 50 aniversario del jubileo de la reina.
La familia real, acusada de frialdad tras la muerte de Diana, sorprendió con la presencia de 14 de sus miembros en la comitiva de ayer presidida, por el príncipe Felipe de Edimburgo, esposo de la reina Isabel II, quien tiene 80 años.
La princesa Ana, la nieta mayor de la reina madre, rompió el protocolo y se sumó a la marcha fúnebre, en la que normalmente sólo participan hombres de la familia real. El trayecto de la procesión con los restos de la Reina Madre estuvo flanqueado por 1,600 tropas. Después de la breve ceremonia, la familia real volvió al palacio de Buckingham.
La corona de la reina madre, depositada encima de su féretro durante el cortejo fúnebre, está adornada con uno de los diamantes más célebres del mundo, el Koh-i-Noor, que tiene la reputación de aportar la desgracia a los hombres que lo poseen.
Fabricada especialmente para que la reina la llevara el día de la coronación de su esposo, el rey Jorge VI, en 1937, la corona, que pesa medio kilo, está ornada por 2,800 diamantes, el mayor de los cuales es el legendario Koh-i-Noor, de 105 quilates
Los orígenes de la gema son confusos, pero remontaría al siglo XIV. La leyenda dice que quien lo posee gobierna el mundo. Pero su nombre está asociado asimismo a una historia terriblemente cruenta de enfrentamientos fatricidas, que le dejó la reputación de aportar la desgracia a sus propietarios. Pakistán, Irán e India, reivindican la propiedad de esa joya, como lo hicieron también, hace dos años, los talibán de Afganistán.
Cuando el Koh-i-Noor llegó a manos de la reina Victoria, tenía 186 carates, pero después fue retallado porque el público, que pudo contemplarlo durante una gran exposición en 1851, fue decepcionado por su falta de brillo. La gema ocupa el centro de la cruz de Malta en que termina la corona de la reina madre.


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82630
Fecha y hora de publicación

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América