La Revolución cubana llega a sus 50 años de existencia, frente a los vaticinios de enemigos, detractores e incluso de amigos que le pronosticaron siempre una corta vida y más aún después del derrumbe de la Unión Soviética.
El proyecto iniciado por Fidel Castro, el 1 de enero de 1959, puso fin a 50 años de dependencia neocolonial y de una sangrienta dictadura y trazó su programa para alcanzar un país con justicia social, igualdad y elevada instrucción.
El bloqueo económico norteamericano hacia la Isla le ha costado al país pérdidas materiales y humanas, y sus valores se calculan en unos $90 mil millones.
Pero sin dudas de ninguna índole, el bloqueo ha sido un referente para elevar el patriotismo y el sentido de independencia de la nación, también ha sido escudo y pretexto para justificaciones e ineficiencias económicas y políticas.
Las políticas sociales aplicadas han producido beneficios indiscutibles a la población cubana, que exhibe índices comparables solo a los de países del primer mundo.
La tasa de natalidad es de 5.3 por cada mil nacidos vivos y la esperanza de vida de 77 años como promedio, son apenas dos ejemplos de lo logrado; tan comunes hoy en la realidad de la isla, que sus habitantes ni siquiera reparan en ello.
Pero OJO!, no se trata del paraíso, como no pocas veces parecen hacernos creer.
El tema de la vivienda, educación, el trabajo han sido prioritarias.
La Revolución Cubana vivió su peor momento cuando desapareció la Unión Soviética y el socialismo en el este europeo. La súbita desaparición de su principal socio-comercial y de una decisiva apoyatura internacional colocó a la isla en una situación alarmante de orfandad y casi en estado de guerra, momento a partir del que el país tocó fondo y comenzó lo que se ha llamado el periodo especial, con sus carencias, apagones, falta de combustible y transporte. Fueron años extremadamente duros los de la década de los ‘90 que pusieron a prueba la capacidad de respuesta del sistema para recomponerse y la imagen de Fidel Castro.
Frente a la nueva situación creada, Cuba busca insertarse en la economía internacional promoviendo la apertura a la inversión extranjera con la idea de ingresar capital fresco y mercado para sus producciones y servicios, ya que contaba con una fuerza de trabajo calificada y de alta instrucción.
La minería y el turismo han tenido éxito. La producción de gas natural saltó 35 veces (era minúscula en 1989), la de petróleo cuatro veces (satisface sólo 35% de las necesidades cubanas y el resto se importa) y la de níquel aumentó 62%. Hoy se desarrolla una prospección a riesgo en las aguas del Golfo de México con numerosas compañías extranjeras.
Pese a todo, el proyecto revolucionario en estos 50 años ha funcionado con un amplio y mayoritario consenso popular alimentado por el apoyo a las medidas de beneficio al pueblo, por el patriotismo, por la integración de la población en organizaciones de masas a propia voluntad y por la promesa de un futuro socialista nuevo y superior; pero sobre todo, por la influencia del liderazgo carismático de Fidel Castro.
Según sus propios líderes, la capacidad de resistir de los cubanos se debe a la adhesión inmensamente mayoritaria al régimen y a las raíces populares de la propia Revolución, no fue un sistema impuesto por el Ejército Soviético con sus tanques como los que existían en Europa, sino el resultado de una revolución surgida de la voluntad del propio pueblo.
Hoy numerosos retos aguardan al Gobierno de Raúl Castro y de cuyas soluciones puede depender el destino de la Revolución, pero no se puede olvidar que existe un compás de espera de sus ciudadanos que desean ver resueltas sus necesidades básicas y sus aspiraciones en un plazo breve de tiempo, sin tener que dejar pasar otras cinco décadas.
Cubanos en la Sierra Maestra desean cambios
En las escarpadas colinas de la Sierra Maestra, donde Fidel Castro inició su lucha insurgente hace 50 años, las actitudes de los cubanos son más relajadas que en la capital. Si bien los más ancianos se mantienen leales al sistema comunista, los jóvenes expresan su anhelo por un cambio.
Aquí, la gente suele expresarse con más libertad y algunos hasta se quejan abiertamente de sus privaciones.
Cincuenta años después del triunfo de la revolución, “la gente se siente bien, pero no todos sienten el mismo orgullo”, dice Juan González, un trabajador local de 59 años de edad y oriundo de la aldea de Santo Domingo.
Ello se debe a que las promesas de un futuro brillante y próspero no han llegado tan rápidamente como ansiaban.
La electricidad, el agua y el servicio telefónico llegaron en años relativamente recientes.
Algunas familias siguen viviendo en casuchas de piso rústico y lavan su ropa en el río. Los métodos de transporte más comunes son por buey, mula o caballo.
González dice que el problema principal es la falta de transporte público.
En la región hay una sola ambulancia, pero hace unos años se dañó “y varias personas murieron por eso”.
La electricidad llegó apenas en 1986 y eso gracias a ingenieros soviéticos.