EL JUEZ John Roberts, designado por el presidente George W. Bush para presidir la Corte Suprema de EU, asumió ayer ante los senadores, que deben ratificarlo en el cargo, una posición cautelosa sobre los grandes debates que ese organismo debe tratar en el futuro.
Sin asumir una posición clara sobre los temas que la Corte podría verse obligada a tratar en el futuro, Roberts se distanció de sus posiciones hostiles a la legalización del aborto expresadas cuando trabajaba en las administraciones republicanas de Ronald Reagan y George Bush padre.
También manifestó su respeto a la jurisprudencia establecida, en nombre de la "estabilidad" del derecho y la equidad.
La designación de Roberts en la Corte Suprema fue saludada por la derecha religiosa, encantada de haber encontrado notas en las que el juez explicaba que los nueve miembros de ese tribunal habían fundamentado mal su decisión de legalizar el aborto en 1973.
Sin embargo, una parte importante del electorado del presidente Bush podría verse decepcionada por las primeras respuestas de Roberts a los senadores encargados de confirmar su designación, quien prometió que no dejaría que su fe católica dictara sus decisiones como juez. Roberts repitió la máxima del ex presidente John F. Kennedy, católico como él: "No hablo en nombre de mi iglesia sobre asuntos públicos, y la iglesia no se expresa en mi nombre".
"John Roberts desaprovechó una ocasión para tomar distancia" de sus puntos de vista expresados sobre el respeto del derecho de voto de las minorías, dijeron los demócratas.
Interrogado por el demócrata Patrick Leahy sobre las potestades del Poder Ejecutivo, Roberts afirmó que "nadie está por encima de las leyes".
Roberts cauto ante el senado
La religión no impedirá un dictamen razonable.