El creador portugués Leonel Moura ha dado un nuevo paso en el intento de que el arte, esta vez ayudado por la robótica, imite a la vida y ha creado unos pequeños autómatas capaces de pintar siguiendo el comportamiento de las hormigas.
Las obras y los propios seres artificiales que las componen y firman han conquistado ya espacios en museos y galerías de Nueva York y Lisboa y se pueden cotizar hasta a 20,000 euros por pieza.
Con una trayectoria más cercana a la computación bioinspirada (ciencia que se basa en la actividad de la naturaleza) que de la novela futurista "Yo Robot" (1950), Moura saca partido de sus estudios sobre el comportamiento de los insectos sociales.