ROMA se prepara de nuevo para convertirse en el centro del mundo ("caput mundi" en la tradicional denominación latina) con motivo de la muerte y los funerales de Juan Pablo II, que llevarán previsiblemente a la capital italiana a centenares de miles de personas y numerosas autoridades.
El Papa es también Obispo de Roma, por lo que hay una especial vinculación histórica entre la ciudad y el responsable de la Iglesia, mientras que el Vaticano es uno de los enclaves más visitados, aunque formalmente sea un Estado independiente.
La agonía que el Papa padeció en los últimos días había llevado a las autoridades locales a comenzar a preparar con antelación el dispositivo que regulará los próximos días la vida de la ciudad tanto desde el punto de vista de seguridad como el sanitario y el de la movilidad.
Protección Civil, Ayuntamiento, la prefectura (Gobierno Civil) de Roma, Policía y Bomberos han mantenido contactos para organizar la situación que vivirá la ciudad tras el deceso del Pontífice.
Hoy, tendrá lugar una misa matinal dentro de los nueve días consecutivos de ceremonias religiosas por el alma de Karol Wojtyla.
Al funeral, que tendrá lugar no antes del jueves próximo en la Basílica de San Pedro, asistirán numerosos jefes de Estado o de Gobierno, lo que supondrá problemas de seguridad y desplazamiento.
De los funerales se ocupará un comité mixto integrado por representantes de la Santa Sede y el Ejecutivo italiano. La reunión de la primera congregación de cardenales que deberá decidir la fecha de los funerales fue convocada para lunes.
Antes de ese funeral el cuerpo será trasladado y allí permanecerá tres días para que los fieles que lo deseen puedan dar su último adiós al que ha sido jefe de los católicos durante casi 27 años de Pontificado.
Roma se convierte en el centro del mundo
Los actos requerirán un despliegue de seguridad que las autoridades romanas estiman en más de 10,000 agentes.